In memoriam, Ramón García Piñeiro

Manuel Nevado en el recuerdo, Ángel Enrique Fernández

Última entrevista realizada a Manuel Nevado, EL SINDICATO, junio de 1990

Manuel Nevado Madrid, a los 20 años de su muerte, La Nueva España, mayo de 2010

El niño de Espiel que inventó el sindicalismo, La Voz de Asturias, mayo de 2010



 
IN MEMORIAM

Como amasamos los sueños con materiales procedentes de nuestras propias carencias, sean estas personales o colectivas, celebro que se dedique un concurso literario a perpetuar la memoria de Manuel Nevado Madrid. No concibo mejor iniciativa para homenajear a un filántropo autodidacto que fue capaz de superar con determinación y esfuerzo una de las lacras que lastró a su generación: la ignominiosa ausencia de la más mínima formación académica. Este asturiano de Espiel (Córdoba), el último de cuatro hermanos, fue nacido en 1940, cuando los españoles con las manos encallecidas purgaban humillados la insolencia de haber pretendido un hueco tibio bajo el sol. Marcada su infancia por el recuerdo de la derrota y el estigma de la miseria, llegó a Ciaño (Langreo) en la década de los cincuenta con agujeros en los bolsillos y pueriles ilusiones sin estrenar. Fue primero panadero, repartidor ocasional después y, finalmente, chofer de circunstancias antes de descubrir que, en las entrañas de la tierra, subsistía un código de conducta laboral que susurraban en silencio sudorosos rostros tiznados por el polvo del carbón. En las profundidades de la mina Maria Luisa, entre el estruendo de barrenos y martillos, le fue enseñado el orgullo del oficio, la dignidad de mantener siempre la cabeza erguida frente a quien consideraba que, por ser trabajador, había que pedir permiso para respirar. A pesar de la violencia ejercida, no lo consintieron sencillos e indomables mineros como Otones, Portu, Arenas, Felichu, Pepe Ful, Fausto, Bayón, Braña, José El Gallegu, Herminio Serrano, Fraga Tasende, Carrión, El Cordobés, El Xaxu y tantos otros, con los que aprendió el significado de la palabra “compañero”. En aquella primavera de los sesenta, bajo un régimen vesánico y cuando el declive minero ya se vislumbraba en el horizonte, se adhirió con ellos al principio que iluminó su corta pero intensa trayectoria: la solidaridad de clase.

La ira ante el fatídico accidente minero que golpeaba aleatoriamente y con metódica crueldad, la indignación por el silicótico que jadeaba y expectoraba sin aliento al caminar, la rabia por el abuso prepotente y despótico en el centro de trabajo, la irritación ante la represalia adoptada contra el compañero que daba un paso al frente y gritaba ¡basta ya!, y, por encima de todo, el ansia de libertad, le llevaron al compromiso político y sindical. Hacia 1964 ingresó en el PCE y, a la par, se incorporó como destacado activista al movimiento sociopolítico de resistencia obrera que recibió el nombre de Comisiones Obreras. Ahora que el sambenito de la maledicencia pende sobre la figura del sindicalista, desacreditado como sujeto parasitario del trabajador al que dice defender, conviene recordar que, en aquel tiempo, al que ponía la cara se la partían. Para quedarse el primero de brazos cruzados en la casa de aseo sin bajar la percha, para formar parte de una comisión que se erigía en representación obrera al margen de los cauces oficiales, para presentarse a las elecciones sindicales y llevar la genuina opinión de los trabajadores a las Juntas Sociales del Sindicato Vertical, para encabezar escritos dirigidos a las autoridades o, en fin, para manifestarse abiertamente por las calles, hacia falta firmeza en las convicciones y valor para arrostrar las crueles consecuencias, virtudes de las que no adoleció Manuel Nevado. Entre los abnegados luchadores que rompieron el silencio y el miedo con estas arriesgadas prácticas no fue, sin duda, el más damnificado, lo cual no fue óbice para que fuera encarcelado en dos ocasiones por sus actividades. Con el respaldo de los compañeros de trabajo, también cabalgó el caballo de Troya del entrismo, urdido a la sazón por los opositores más decididos para corroer desde dentro la fortaleza de un régimen que se resistía a claudicar.

Con esta experiencia afrontó la tarea de vertebrar un sindicato de nueva creación en la turbulenta España de la transición. Mientras que el PCE quedaba relegado a un espacio subalterno en la arena política de la izquierda española, sembrando el desánimo en quienes calculaban los votos en función de los días de cárcel acumulados, la Central Sindical de CCOO asumió la condición de sindicato mayoritario sin más aval que el carisma adquirido por los sindicalistas que encabezaron la resistencia en los años de plomo de la Dictadura. Las maniobras de los gobiernos de UCD, las presiones de la patronal, los fondos de la socialdemocracia europea, la manipulación mediática, la influencia de los resultados electorales y la fuerza de las lealtades sindicales arraigadas en la conciencia remota de los trabajadores, se vieron sorprendentemente neutralizadas e incluso superadas ante el crédito atesorado por luchadores tenaces e insobornables como Manuel Nevado Madrid. De este prestigio precisó para contrarrestar el infantilismo de quienes postulaban el mantenimiento de las señas de identidad utilizadas bajo el franquismo –el llamado “sindicalismo de nuevo tipo”- y el radicalismo de quienes pretendían convertir al sindicato en un instrumento de permanente movilización laboral. Fue en este incierto trance cuando Manuel Nevado adoptó el punto de equilibrio entre el agitador vehemente capaz de paralizar un centro de trabajo con la convicción de su discurso y el organizador sistemático y previsor que recela de los pseudorevolucionarios brindis al sol. La respuesta sindical, sostuvo este dirigente autodidacto de recién estrenado pragmatismo, debía residir en el nivel medio de la conciencia obrera, ya que tan execrable era la complacencia con el poderoso por amarillista como el estéril radicalismo que abocaba a un vanguardismo nihilista y sin futuro.

Con estas credenciales encabezó, desde 1978 hasta su muerte, a los mineros españoles, liderazgo refrendado, dentro de CCOO, en tres procesos congresuales. Perteneció, además, a la Comisión Ejecutiva de la Confederación Sindical, fue miembro de la Comisión Política de la Organización Internacional de Mineros, representó a su sindicato en la Comunidad Europea y se erigió en portavoz de una corriente de opinión dentro del comunismo asturiano. En un contexto marcado por el paulatino desmantelamiento del sector y dada la enérgica resolución que imprimía a sus acciones, en estas responsabilidades fraguó lealtades incondicionales, cinceladas en el fuego lento de las ilusiones compartidas, e irreconciliables rivalidades, surgidas tanto dentro como fuera del movimiento sindical al que pertenecía. Al margen de su tenaz firmeza ante patronos y gobiernos, a los que hizo frente para evitar la desindustrialización sin alternativas de las cuencas mineras, fue proverbial el áspero pulso que sostuvo en Asturias con José Ángel Fernández Villa y el villismo, tarea en la que coincidió con un sindicalista no menos impulsivo y singular: José Antonio Saavedra. Codo con codo escenificaron ambos un anticipo de la unidad obrera en el ámbito de la acción sindical, no exento en su gestación de formulaciones oportunistas como la pregonada Unión Nacional de Mineros, pero que coadyuvó a la postre al establecimiento de puentes de diálogo entre las dos grandes centrales sindicales. Tenso y sin tregua fue, asimismo, el enfrentamiento interno que mantuvo durante años con Avelino García, secretario general del Sindicato Regional de la Minería en Asturias, con el que dirimió de forma convulsiva las atribuciones que correspondían a cada nivel organizativo dentro de la estructura sindical. En el PCA, del que fue candidato a senador, formó parte del llamado “sector minero”, aquel que en un tiempo de zozobra identificó en la trayectoria y en la figura de Gerardo Iglesias el talento y el carisma necesario para reorientar la nave.

Este hijo del hambre y la necesidad no gastó los bancos de la escuela, como reconoció entre sus íntimos con pesadumbre, pero mantuvo hasta el final de sus días un conmovedor deseo por aprender y superarse. Sin haber pasado por las aulas, tan inquieta y libérrima fue su curiosidad que, sin desmerecer, podía conversar con Cousteau de fauna submarina o con Malinowski de la conducta sexual de los aborígenes en las islas Trobriand. Hedonista y catedrático de la vida, submarinista aficionado y antropólogo frustrado, fue, sin pretenderlo, por pura necesidad, sindicalista. Se entregó sin reservas a este cometido porque no encontró otro modo de decir que todos, hasta el más humilde, somos merecedores de consideración y respeto. Tras superar un dramático accidente de automóvil acaecido el 15 de septiembre de 1986 cerca de Barros, que le mantuvo postrado durante meses en la UVI, este perdedor de mil batallas que nunca supo del fracaso sucumbió, en la madrugada del 23 de mayo de 1990, ante un devastador e irreversible proceso cancerígeno. Le bastó medio siglo, la insignificancia de cincuenta años, para adquirir esa condición de “imprescindible” que Bertolt Brecht reservó para quienes han dedicado su vida al servicio de los demás.

Ramón García Piñeiro

 

 
MANUEL NEVADO EN EL RECUERDO

Hablar o escribir sobre Manuel Nevado Madrid me resulta fácil y difícil a la vez. Fácil, porque para mi es una satisfacción recordar las innumerables vivencias y anécdotas que me toco vivir y presenciar en su compañía. Difícil por que no quisiera caer en los tópicos vanos y sencillos de alagar a quien además de compañero sindical y político, era un entrañable amigo.

Manuel Nevado era toda una personalidad que aunaba sencillez y modestia, muy directo en el trato, con aficiones y costumbres tan normales que parecía imposible muchas veces que de forma paralela guardase unas convicciones políticas y sindicales tan definidas y sin ningún tipo de doblez.

De origen muy humilde, sin ninguna formación académica, pero con una sólida formación sindical y política, era el tipo de persona que no solo podía conversar de cualquier tema, sino que lo hacia con rigor y denotando sabiduría en lo que expresaba, independientemente que la discusión fuera de cultura, deporte, cocina, etc.…y lo hacia con el énfasis necesario si la situación así lo requería.

Nevado Madrid consagró toda su vida a la defensa de la clase trabajadora, no solo de Asturias, sino a la de todo nuestro país. Conjugaba voluntad y tozudez, y si no se atendían sus razones y las del sindicato que lideraba, llenaba las Cuencas Mineras de octavillas. Y en innumerables ocasiones ganaba la partida a base de octavillas.

Siempre he pensado que el devenir de la minería en nuestro país hubiera sido de otra manera, si Nevado hubiera seguido al timón de los mineros desde las CC.OO. Con la que está cayendo en el momento presente, seria impensable que problemas de tanta importancia y repercusión contra los trabajadores y sus derechos, se quedasen sin respuesta si Nevado estuviese entre nosotros.

Creo que las nuevas generaciones de trabajadores y sindicalistas estarían mucho más tranquilos, y por supuesto mas informados, si tuvieran la suerte de trabajar con dirigentes de la talla política, sindical y humana que tenía Manuel Nevado Madrid.

Para mi resulta indiscutible que Nevado es un símbolo de las Comisiones Obreras, parte de sus señas de identidad y uno de su principales referentes.

Marzo de 2.009, Ángel Enrique Fernández González

Ángel Enrique Fernández González fue responsable del Gabinete Técnico de la Federación Estatal Minera de CC.OO. con Manuel Nevado Madrid


 

 

EL SINDICATO, junio de 1990
ÚLTIMA ENTREVISTA REALIZADA A MANUEL NEVADO

Nombre: Manuel Nevado Madrid
Nació en: Espiel
Edad: 46
Profesión: Minero
Ocupación actual: Secretario General Federación Estatal Minera de CC.OO.

¿Qué es para usted la felicidad? El mejor sentimiento del ser humano.

¿Qué le aburre soberanamente? La mayoría de las películas norteamericanas.

¿Con qué se ríe a carcajadas? Con ocurrencias de los amigos.

¿Contra que se rebela? Contra los abusos y las terribles desigualdades.

¿Qué le asusta? Montar en avión y como submarinista los tiburones.

¿Dice tacos cuando conduce? Soy terriblemante crítico en la circulación pero no digo tacos.

¿Quién le compra a usted la ropa? Una persona me ayuda en este aspecto.

¿Cuál es su gran descubrimiento? El ser humano sin los demás es débil y desvalido.

¿Qué vicios tiene? El más malo que fumé mucho, hoy no.

Díganos alguna de sus manías. Hacer comprender los que explico aunque sea facilísimo de entender.

¿Se duerme en el cien? Escojo películas. Por eso jamás me duermo.

¿Se mira usted en los escaparates? No, y veo ridículo a quién lo hace.

¿Qué no sería usted nunca? Piloto de avión y miembro de los cuerpos llamados represivos.

¿Cuáles son sus héroes reales o fictios? Los que exponen su vida para acabar con los atropello y las injusticias.

¿A quién le gustaría parecerse? Estoy muy satisfecho como soy.

¿Dejaría todo por algo? Por la vida y la justicia.

¿Lee revistas del corazón? A veces las miro para ver sus intenciones, sólo mirándolas se aprecia lo que pretenden.

¿Cree que morirse es una faena? Es la última mala faena.

¿Cree en Dios? Creo en la madre naturaleza y en la evolución de la vida.

¿Le queda alguna revolución pendiente? Me queda la de acabar con los privilegios y las discriminaciones.

¿Con qué frecuencia se corta el pelo? Cuando noto o me dicen que me hace falta.

¿Se casaría en un martes y trece? Procuraría en sábado o domingo aunque fuera 13.

¿Cuál es su frustración? No haber sido un gran antropólogo.

¿Opina que el suicidio es un acto de valentía? No creo que sea valentía ni cobardía, me parece una obcecación mental.

¿Qué le irrita? Comprobar falsedades y mentiras.

¿Sabe siempre dónde están sus cosas personales? No siempre.

¿Qué canción le trae recuerdos? Angelitos negros de Antonio Machín.

¿En qué invierte sus ratos libres? Leyendo, estudiando, tertulias con amigos y compañeros, y echando alguna aprtida de tute, dominó o billar.

¿Qué le gusta más de sí mismo, por dento y por fuera? Mi sinceridad de pensamiento y de obra.

¿De qué hecho relevante le gustaría ser protagonista? Del acuerdo de desarme total.

¿Le gustaría ser un desconocido? En lo internísimo somos todos un poco desconocidos.

¿Cuál es su utopía? Una sociedad capitalista igualitaria y justa como la socialista.

¿Viviría con alquien de raza gitana? Conviviría y con razas más alejadas.

¿Con qué color pintaría el futuro del mundo? ¿Por qué? Con el color de la paz, la ecología y el amor, para ser plenamente felices.

¿Cuál es su máxima en la vida? Poder aportar iniciativas, para superar lo negativo que padecemos y ampliar lo bueno que disfrutamos.

Y usted, ¿quién es? Soy un minero, sindicalista asturiano adoptivo, que me siento en Asturias mejor que en ningún sitio.


 

 

La Nueva España, 24 de mayo de 2010
Manuel Nevado Madrid, a los 20 años de su muerte
El ejemplo de un minero, sindicalista y asturiano de adopción

Para quienes el 23 de mayo de 1990 no estábamos en la edad de trabajar, no teníamos ni idea de la que se nos caía encima con aquello del muro de Berlín y lo de Franco y los mineros nos sonaba a batallitas del abuelo, nunca podremos agradecer lo suficiente lo que en este país luchó toda una generación de trabajadores y trabajadoras por conquistar espacios de libertad, democracia y derechos laborales.

Personas, silenciadas en la crónica oficial, que sin embargo, a través de las organizaciones de clase, fueron el auténtico motor de cambio. Y que, en el ámbito de la minería, nadie representa mejor que Manuel Nevado Madrid.

Nacido en 1940, en el seno de una familia campesina de Espiel (Córdoba), dedicó toda su vida a la militancia activa en la defensa de los derechos políticos y sociales de los más humildes. Como tantos otros, emigró a nuestra tierra en los años cincuenta en busca de trabajo. Pronto, consciente de que los trabajadores/as para tener empleos y condiciones de vida más dignas, deben de organizarse, entró en plena clandestinidad en el PCE y en el incipiente movimiento político y social del que surgiría el primer sindicato de este país, las Comisiones Obreras. En él sería secretario general de la Federación Estatal de Minería, desde su constitución en 1978 hasta su prematura muerte, por un cáncer. Enfermedad, que según cuentan quienes le conocieron, no lograría robarle su imagen de hombre firme, vital, de espíritu rebelde, de gran carisma y no menor humor.

Autodidacta y gran aficionado a la lectura, destacan de él su profunda honestidad. Líder indiscutible de las luchas mineras en los años setenta y ochenta, moriría con la categoría de ayudante de barrenista en el Pozu María Luisa de Ciañu.

Ejerció un sindicalismo pegado a la realidad de los tajos, «no había conflicto en el que no estuviese Nevado dando la cara», lo que le granjeó el respeto no sólo de sus compañeros sino también de sus oponentes. Un modelo sindical claro en el discurso, firme en el fondo, con alternativas, reflexivo y valiente, que los que venimos detrás debemos recoger, para dar respuesta a los ataques que estamos sufriendo la clase trabajadora. Más, en estos tiempos, de crisis económica internacional, recorte de derechos laborales y sociales del Gobierno y pelea por «unes comarques pa vivir y trabayar».

El 25 de mayo en Espiel, con motivo de este 20º aniversario, Comisiones Obreras de Asturias, a través de su Fundación Juan Muñiz Zapico, organiza en colaboración con otras entidades, un merecido homenaje. Al que nos sumamos, y aunque no podamos estar de presencia, seguro que miles de amigos/as, compañeros/as y camaradas, estaremos de corazón. Con el recuerdo de su ejemplo de lucha, para los retos del presente, por los derechos de los trabajadores/as, por la libertad y por el Socialismo.

Que los guajes de hace veinte años y los guajes de hoy, que todo el mundo conozca, quién era Manuel Nevado: tal como se dijo en el cementerio de L´Entregu, un día como hoy «la Historia del Movimiento Obrero en este país habrá de respetar, por los siglos de los siglos, la nobleza de este andaluz de coraje y fortaleza, un líder vertebral y un minero sin llanto».

José Manuel Zapico García, Secretario General de CCOO del Nalón

 

 

La Voz de Asturias, 23 de mayo de 2010
El niño de Espiel que inventó el sindicalismo
Hoy se cumplen veinte años de la muerte de Manuel Nevado Madrid, histórico dirigente de Comisiones Obreras. El recuerdo de su labor al frente del sindicato y su apoyo a la lucha de los mineros aún sigue vigente.

Un grupo de jóvenes desborda el banco de la plaza. Ríen, o discuten, con intensidad ajenos a un nombre escrito sobre una placa en la pared que está a su espalda. Manuel Nevado Madrid, reza el distintivo. El, que era natural de la localidad cordobesa de Espiel y se crió en San Martín del Rey Aurelio, es ahora el denominador de una plaza en Ciañu, muy cerca del pozo María Luisa donde comenzó a trabajar como ayudante de barrenista. Nevado Madrid también da nombre a un concurso de microrrelatos sobre la mina, la gran pasión por la que este sindicalista de CCOO tozudo, firme, alegre, inteligente y carismático vivió la mayoría de sus escasos 49 años, hasta el 23 de mayo de 1990, hace exactamente veinte años. Nevado falleció "con las botas puestas" víctima de un cáncer. Su capilla ardiente en Oviedo y el funeral que se celebró en Sotrondio fueron multitudinarios. Le despidieron miles de personas, 153 coronas, cientos de telegramas de todo el mundo, la bandera roja de Comisiones Obreras y el canto de La Internacional. El recuerdo de su labor al frente del sindicato y de su apoyo a la lucha de los mineros aún sigue vigente.

La Fundación Muñiz Zapico de CCOO es la entidad que más ha trabajado porque el nombre de Nevado Madrid se mantenga presente en el día a día, tanto en Asturias como en su Córdoba natal. La entidad, responsable del certamen literario que lleva el nombre del sindicalista, presentará, el 25 de mayo en el salón de actos de la Casa de Cultura de Espiel, los cuentos ganadores de la última edición del Concurso de Microrrelatos Mineros. El evento también servirá para hacer memoria sobre su persona, dos décadas después.

Manuel Nevado Madrid nació en Espiel el 4 de noviembre de 1940, en la familia de Los Chaparros. Como tantos otros vecinos de esta zona de Córdoba emigró a Asturias en los años 50 en busca de trabajo. Comenzó de panadero y camionero hasta que entró en la mina. El pozo María Luisa de Ciañu fue el principio de muchas cosas para Nevado. En la explotación langreana, y como ayudante barrenista, se convirtió en un referente de la lucha antifranquista. Con 24 años ingresó en el PCE, siendo miembro del Comité Central del PCA hasta 1987 y candidato al Senado. Más tarde llegarían los inicios en Comisiones Obreras. Sus posturas políticas y sindicales le hicieron vivir, en carne propia, la represión y la cárcel.

Como constituyente del sindicato CCOO, creó la Federación Estatal Minera en 1978, entidad de la que fue Secretario General. Fue un inventor del sindicalismo libre. Nevado "pateó una a una las minas de España", apuntan en la Fundación Muñiz Zapico, y formó parte de la Organización Internacional de Mineros. Los que trabajaron con él, como Angel Enrique Fernández González, responsable del gabinete técnico de la Federación Minera de CCOO, afirman que era "toda una personalidad que aunaba sencillez y modestia, muy directo en el trato, con aficiones y costumbres tan normales que parecía imposible muchas veces que de forma paralela guardase unas convicciones políticas y sindicales tan definidas y sin ningún tipo de doblez". "Nevado Madrid consagró toda su vida a la defensa de la clase trabajadora, no solo de Asturias, sino a la de todo nuestro país. Conjugaba voluntad y tozudez, y si no se atendían sus razones y las del sindicato que lideraba, llenaba las cuencas mineras de octavillas. Y en innumerables ocasiones ganaba la partida a base de octavillas", explica, en un texto de recuerdo, Fernández González.

Manuel Nevado también tenía una definición para si mismo: "Soy un minero, sindicalista asturiano adoptivo que me siento en Asturias mejor que en ningún sitio", tal y como apuntó en la última entrevista que le realizaron para la revista El Sindicato , poco antes de fallecer. El cuestionario, de preguntas y respuestas cortas, deja entrever la calidad humana del sindicalista y también que sus ideas, pese a los veinte años de cambios que ha vivido su país, son tan vigentes como su memoria. El periodista pregunta; y él responde lacónico, lúcido:

-- Qué es para usted la felicidad?
--El mejor sentimiento del ser humano.
-- Cuál es su gran descubrimiento?
--El ser humano sin los demás es débil y desvalido.
-- Dejaría todo por algo?
--Por la vida y la justicia.
-- De qué hecho relevante le gustaría ser protagonista?
--Del acuerdo de desarme total.
-- Cuál es su utopía?
--Una sociedad capitalista igualitaria y justa como la socialista.
-- Con qué color pintaría el futuro del mundo?
--Con el color de la paz, la ecología y el amor, para ser plenamente felices.

Aitana Castaño