–¿Qué te ha movido a realizar
este trabajo de investigación histórica
y qué objetivo persigues con este
libro?
Son varias las motivaciones. Yo pretendía realizar un trabajo sobre la revolución del 34 pero, cuando descubrí que el SUM había llegado a ser tan importante como el SOMA, me dije: esto hay que investigarlo. Y es que realmente no se puede analizar la Revolución de octubre del 34 ignorando al SUM y a sus militantes, y he de decir que en los trabajos historiográficos existentes hay cierta confusión sobre el contexto sindical en Asturias. Se habla del SOMA y del Sindicato Único, pero no se explica ni se especifica demasiado respecto a este último. Por tanto, rescatar del olvido y el desprecio estas páginas gloriosas de la historia social de Asturias, escritas por miles de trabajadores anónimos, puede decirse que fue mi principal motivación y constituye a la vez el principal objetivo que persigo con este libro.
–¿Qué similitudes encuentras entre aquella etapa histórica y la actual? ¿Tiene vigencia lo que abordas en tu obra?
Para afrontar los problemas presentes y futuros es imprescindible acudir al rescate de la memoria histórica. Conocer la historia nos permite, por un lado, comprender y saber de dónde venimos, de dónde partimos y hacia dónde hemos avanzado y, por otra parte, nos ayuda a detectar errores y aciertos, y éstos son nuestro principal patrimonio, por lo que resultaría absurdo dilapidarlo.
Soy de los que creo que la historia no se repite, pero igualmente pienso que los problemas de ahora, los problemas, en definitiva, de la vida son, en el fondo, los mismos. La lucha de clases hoy, en el siglo XXI, es tan vigente como entonces. Hoy, igual que ayer, el desempleo es un grave problema. Lo eran y lo son la precariedad laboral, las desigualdades, la injusticia social y económica… Hoy, igual que entonces, se lucha por reducir la jornada laboral y si analizas las respuestas que da la patronal para oponerse a los avances que persiguen los trabajadores te encontrarás que esgrimen los mismos argumentos catastrofistas. Ellos, la patronal, sí creen en la lucha de clases y por ello, hoy, como siempre antes, tratan de dividir a la clase obrera. Por el contrario, y lamentablemente, el movimiento obrero y la izquierda actual han dejado de poner la lucha de clases como eje central de sus estrategias.
–Decías que los errores y aciertos del movimiento obrero son un patrimonio que no debemos dilapidar. ¿Cuáles son las lecciones principales a extraer de la etapa histórica analizada en tu trabajo?
A mi juicio podrían ser muchas. Ya te he comentado cómo la patronal trató, y logró, confundir y enfrentar a los trabajadores del SOMA y del SUM. Las tácticas empleadas para ello, dando prebendas a unos (SOMA) y condenando al ostracismo a otros (SUM), son las mismas que emplean ahora… y, hoy, siguen logrando su objetivo: dividirnos.
Otra de las lecciones importantes se deriva de un error capital, en este caso cometido por el Partido Comunista de aquella época, que impuso al SUM consignas y líneas sindicales sectarias, políticas sindicales elaboradas por la burocracia del partido y que estaban totalmente alejadas del sentir unitario y de los anhelos de lucha de los trabajadores. Esa es otra lección plenamente vigente hoy: la necesidad de vacunarse permanentemente contra el burocratismo, la necesidad de implantar el debate y la toma de decisiones desde ámbitos verdaderamente participativos y la necesidad de afrontar, desde la unidad de acción de los trabajadores, los retos de la lucha presente y futura. Esas serían las lecciones principales, aunque no únicas.
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