Benigno Delmiro Coto, vecino de Llanera, ha recogido en un libro la literatura en torno a la mina hecha en España en los dos últimos siglos.
Manuel Noval Moro, LLanera
![]() POZO. La casa de aseo de la explotación minera de Pumarabule, en el concejo de Siero. / PABLO NOSTI |
Nació en El Entrego, hijo de un minero (su padre bajó al pozo María Luisa durante treinta y cuatro años), casi todos sus amigos son mineros y hasta él mismo estuvo a punto de entrar en Hunosa. Pero no lo hizo. Eligió la literatura. Es doctor en Filología Española por la Universidad de Zaragoza, y catedrático de Lengua y Literatura en el instituto Rosario de Acuña de Gijón. Imparte, además, talleres literarios por toda Asturias.
La fusión de sus dos mundos tenía que llegar tarde o temprano, y se hizo realidad con la publicación del libro 'Literatura y minas en la España de los siglos XIX y XX', que ha visto la luz hace unos pocos días (editado por Trea, con el patrocinio de Comisiones Obreras y la Fundación Juan Muñiz Zapico) que fue en su día una tesis doctoral, dirigida por toda una eminencia de la crítica literaria española, José Carlos Mainer.
Marianela, de Benito Pérez Galdós, es la primera obra que aparece en España en torno a la minería en el siglo XIX. En Francia es Las indias negras, de Julio Verne, y, sobre todo, Germinal, de Emile Zola, la novela minera por antonomasia. Desde entonces en muchas ocasiones la mina, sus símbolos y sus causas sociales, ha sido tema o marco de numerosas obras, tanto de narrativa como de poesía. Benigno Delmiro constata tres formas de acercarse a la temática minera. La primera de ellas proyecta una imagen muy negativa. Tal es el caso de La aldea perdida, de Armando Palacio Valdés, o El Tungsteno, de César Vallejo, dos obras que retratan la destrucción del paraiso que acarrea la explotación del subsuelo.
La segunda es una visión comprensiva, que se pone en el lugar de los mineros, comparte sus ínfimas condiciones laborales y los apoya, bien desde la caridad, con visiones muy paternalistas afines a la Iglesia, o bien desde la militancia izquierdista, en apoyo a los movimientos obreros. Es un buen ejemplo de esta perspectiva la novela El sueño del minero, del lider sindical Manuel Llaneza.
Una última visión utiliza la mina como marco, como contexto en el que se mueven unos personajes, sin posicionarse sobre las bondades o perjuicios que aporta a la sociedad. La mina es parte inseparable de la historia, pero la mirada que se posa sobre ella se proyecta desde diversos ángulos. Un buen ejemplo es El Mocho, la última novela de José Donoso.
Capitalismo y Plutón
Benigno Delmiro dice que el carbón ha sido un modelo industrial y una forma de entender el mundo, que generó a los trabajadores más revolucionarios y que mejor vieron la perversión del capitalismo, quizá porque fueron ellos a quienes más explotó este modelo económico y social. Por otra parte, ha favorecido la proyección del mito de Plutón (o su equivalente griego Hades), el dios del subsuelo y de los muertos, con su componente simbólico cargado de misterio y de horror.
El caso es que la mina sigue proyectando fascinación, ya sea desde un punto de vista positivo, negativo o meramente simbólico. Benigno Delmiro está convencido de que la literatura minera volverá a resurgir una vez que todos los pozos se cierren de forma definitiva. La nostalgia de un mundo que, con sus luces y sombras, condicionó la mirada de miles de personas habrá de tener su reflejo en los libros futuros. Cabe esperar que la mejor literatura minera esté aún por venir.
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