| "Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido más que las grandes naves del museo de Oslo" |
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Guadalajara, 17 de febrero de 2004
Querida Teresa, en tu última carta decías que las mimosas ya estaban florecidas; en estas tierras alcarreñas la primavera viene más tarde, y luego, en época de cosecha, las máquinas comienzan por el Sur para llegar aquí en agosto. Parece que tuviera un problema con las mimosas, sé que te pregunté su color un día y ahora he vuelto a olvidarlo.
También recuerdo que cuando estábamos en Bagdad alguien me preguntó qué cuándo había llorado por última vez. Hice memoria y conté que había sido viendo un reportaje en televisión de niños africanos con unos vientres como globos y unas cabezas, brazos y piernas, raquíticas; no pude evitarlo, estaba solo en casa y me levanté para mirar, sin ver, por la ventana. De eso hace mucho tiempo.
En la Semana del Cine de Gijón, viendo Apuntarse a un bombardeo llegué a emocionarme; afloraron a los ojos un par de puntitos de agua. Y es que, ya lo he dicho en alguna ocasión, me gustaría aprender a llorar con una sonrisa en la boca. Las lágrimas entorpecen y una sonrisa es siempre una sonrisa.
Sigo vuestras charlas a través de las Novedades Nodo50, así supe lo de Noreña. Siento muchísimo, y también lo van a sentir ellas, que no puedas ir a Madrid mañana 18, para la proyección y coloquio tras la película; deseo que tu madre se mejore pronto.
Como te prometí (o me prometí a mí mismo), he acabado el borrador de los siete primeros cuadernillos de El color ocre, y te lo envío para que me des tu opinión, corrijas, etc. He llegado a la página 112 muy cansado. Es éste un tema que agota por impotencia. El capítulo 16 exige más material para el lector (yo lector).
Bueno, ya me dirás. Un beso.
P. D. Fue muy bonito encontrarnos con Ana en la manifestación del día 15.