2 de febrero de 2004 3 de febrero de 2004 4 de febrero de 2004 |
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¿Qué pensarán de mí los posibles lectores si les digo que hoy necesito emborracharme?
Puedo asegurar que esta necesidad no es una huida; todo lo contrario, es un intento de comprender. Porque quizás estando borracho, me digo, sea capaz de entender las palabras de nuestra ministra de Exteriores, las mentiras y las trampas del presidente del Gobierno, y ese anuncio de que a los españoles nos interesan otros asuntos.
¿Habrá otorgado el Papa su perdón, en la reciente visita de Aznar al Vaticano, por el apoyo a la guerra? En mis tiempos no había perdón sin contrición, ya saben, incluso aunque ésta sea imperfecta porque proceda de la consideración de lo torpe del pecado o del miedo del infierno... Pero qué va, hoy el presidente Aznar se afianzaba en su torpeza ante el congreso de los EE UU y venía a decir que de atrición nada, que el miedo al infierno es sólo para los incautos.
Esto de seguir las noticias a diario puede ser asfixiante; voy a tomar un descanso.