Si alguien piensa que estaba dispuesto a morir porque me sentaba tranquilamente a fumar una pipa mientras los invasores bombardeaban, se equivoca. ¿Acaso se podía hacer otra cosa?

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La muerte empezó a rondarme hace meses y hemos llegado a tomarnos tal confianza que ya nos tuteamos. Desde que esta mañana, por casualidad, me dijo que se había llevado a un antiguo compañero, el recuerdo de este hombre, o más propiamente dicho, el pensamiento sobre su gesto egoísta, doliente y colérico se me viene sin llamarlo y se me va sin rehuirlo.

La última vez que ha reaparecido su rostro también ha sido por casualidad, o así lo creo, cuando buscaba en la enciclopedia la palabra hipocorístico y dos páginas atrás topé con hipocresía.

Me entretuve leyendo la definición filosófica, de la que extraigo algunas líneas: "La mentira es una degradación con la que el agente moral se engaña a sí mismo y a los demás. La hipocresía es una mentira en acción, que pone en juego todos los recursos individuales para fingir o aparentar sentimientos e ideas opuestas a las que realmente dominan el ánimo". En este punto voló el pensamiento hacia ese ministro tecnócrata que prometió ante las cámaras ir en persona a buscar los siete españoles muertos en Iraq, pero que prefirió volar a Kuwait y recogerlos allí.

¿Por qué exponer su pellejo si ya había enviado un contingente que lo representaba?

El 29 de noviembre morían siete espías españoles en la lucha por la ocupación de Iraq. Eran espías buenos, que querían la democracia y la libertad para aquel pueblo, pero la Resistencia por la libertad, la democracia y por los recursos del pueblo de Iraq los confundió con espías malos. Todo ha sido un lamentable error... del gobierno español. El capital sigue frotándose las manos y siete familias están más cerca que nunca de traspasar la raya.

Pero volvamos al tema: "Según el punto de vista psicológico, la hipocresía es una simulación que adultera deliberadamente todo el proceso natural de manifestación de nuestros estados de conciencia. El hipócrita recurre a la inhibición o simula la espontaneidad, según convenga a sus propósitos".

No asistiré al tanatorio, no iré a su entierro, sería amargarle eternamente el último paseo por estas benditas tierras de La Alcarria. RIP.