Precísanse urgentemente espías modernos cualificados. |
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Yo escribo sobre la vida y la muerte; no ha de extrañarte, si un día pudieras leerme, que escriba sobre ti, y culpa a la vida de esta ironía, no a mí.
Vuelvo a casa y me encuentro con que tú, comandante de la Guardia Civil, has entrado en coma irreversible cuando ibas tras los pasos de unos ladronzuelos de muebles en Iraq.
Lo cierto es que quise prevenirte, a ti y a otros, pero quién era yo, quiénes éramos nosotros para que nos hicierais caso.
Todo parece indicar que andabas despistado, y que el contingente de soldados por la libertad perdió su norte desde que perdió sus espías.
Pero tu caso me interesa por comparación con el del carabinero italiano. No voy a decir que me importe que te den una medalla al valor, no, lo que quiero saber es hasta dónde te utilizarán, hasta dónde serán capaces, los que os envían a la muerte con vuestro consentimiento, de usar tu postración (no sé si es correcto el uso de esta palabra porque no sé si sientes), de usar tu postración, decía, sin conciencia en una camilla. Y es que si te mantienen en estado vegetativo será mala publicidad para sus intereses (salvo que lo silencien; llevan varios días sin dar noticias), y si te desentuban, simplemente te habrán matado sin tu consentimiento.
Quedo atento a las noticias de televisión para seguir escribiendo sobre ti, o sobre tu muerte y tu vida, con la esperanza de que un día puedas leerme.