| La nueva cultura de la solidaridad. Hay personas que han pasado de no saber qué significa vindicación a ser solidarias con todas las causas a través de Internet. |
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Castellón (20-6-2003)
(Plataforma por la Paz y
Universidad Jaume I
Master por la Paz)
Creo que las personas quemamos etapas en alguna época con más rapidez que en otras; yo, por ejemplo, no soy el mismo que el que llegó de Iraq el 13 de abril.
Quiero decir que algunas cosas que me parecían importantes de contar entonces, hoy ocupan en mi cabeza un segundo plano. En cambio, otras que puedan parecer de poco interés frente a la locura de las guerras, han vuelto a ocupar en mi pensamiento un lugar preponderante.
Tal es el caso de la información; lo políticamente correcto; la postura de los líderes de izquierda después de la invasión a Iraq; las Brigadas Internacionales y su evolución; el nuevo cerebro universal, y la guerra de los gobiernos de EE UU contra la información y la cultura.
Transcurridos dos meses desde nuestra vuelta de Iraq, dos meses y pico desde la ocupación de este país, me encuentro ante la duda de si lo que debo exponer, lo que interesa, es el recuerdo de lo vivido en aquellos días de bombardeos y visitas a barrios y hospitales, o si es más importante que hablemos de las reflexiones que este maldito acontecimiento ha podido generar en todos y cada uno de nosotros.
Sé que lo que me otorga la posibilidad de estar aquí, con vosotros, es el hecho de haber sido testigo directo de un crimen de grandes dimensiones, nada más. Es decir, que mis reflexiones pueden ser obviedades que cualquiera de los presentes habrá reflexionado también por su cuenta.
Pero no puedo, no quiero, referirme sólo a esa condición de narrador de un hecho, porque también soy persona y tengo, tenemos, el derecho a opinar, a posicionarnos ante la sociedad.
Debería decir que me habría gustado charlar con vosotros en valenciano, no por quedar bien, no porque sería lo políticamente correcto, cosa de la que abomino, sino por lo maravilloso que resulta degustar las palabras tal y como fluyen desde los rincones de la tierra, de cada tierra. (Pero no puede ser, todavía no soy capaz no obstante hablarse el valenciano en alguno de mis círculos más íntimos).
Lo políticamente correcto me repele porque suele sustentarse en el miedo y en la información engañosa, si no falsa.
El primer indicio personal, interno, que percibí sobre esta afirmación, viene de finales de los 80.
(Creo que todo el mundo pasa por uno de esos instantes en que parece que algo se le derrumba: la figura paterna, el primer amor, una amistad, la fe de los religiosos...)
Acababan de asesinar al presidente Ceaucescu y a su mujer Elena, en Rumanía, después de un juicio dicen, llevado a cabo por no se sabe quién, y si se sabe, con seguridad no eran las personas adecuadas para juzgar a nadie. Contaban las crónicas del 89 que en aquel país los enfrentamientos habían acabado en 60.000 muertos. No podía creerlo. Luego comprobé que era una mentira dirigida a los ciudadanos y ciudadanas del mundo que desconocían dónde se situaba Rumanía sobre el mapa. Mi madre, por ejemplo, siempre creyó que estaba detrás de un telón de acero, que era algo así como un agujero negro donde su hijo podría perderse y no volver.
Diez años antes, en 1978, había estado en Rumanía, en la escuela Stefan Gheorghiu de Bucarest, compartiendo un curso con otros alumnos latinoamericanos y africanos de habla portuguesa, y habíamos visitado aquellas ciudades que citaba la prensa: Arad, Timisoara, Cluj, Alba Iulia... y había llamado mi atención, por encima de otras cosas, las publicaciones de los diarios en las distintas lenguas que se hablaban en aquel país y el respeto por las minorías y sus culturas.
Como todo me parecía una mentira de la prensa lo guardé en la memoria y he querido recuperarlo ahora, para traerlo a esta reunión. (Dejo una fotocopia de una crónica de Lluís Canovas publicada en el Anuario de Difusora Internacional por aquellos días y que seguro podréis ampliar en esa estupenda biblioteca con que contáis. No tiene desperdicio la cantidad de inexactitudes y mentiras que se vierten en ella así como en las noticias de prensa de aquellos días).
Pero lo cierto es que nadie levantaba un dedo, ni la voz, para protestar por aquello. No era políticamente correcto. Y si lo hacía algún despistado, la prensa lo ignoraba. Ya se conoce el dicho: lo que no sale en los medios no existe. Fue entonces cuando se me derrumbó la confianza en los sistemas informativos oficiales: en la prensa, en la radio, en la televisión.
Algo se estaba preparando para un nuevo reparto del planeta y los poderosos preparaban nuestras mentes para que lo viéramos como ellos querían.
Recuerdo que anoté alguna idea sobre la información en los días de Bagdad: "19 de marzo... Se están colocando las piezas, en estos momentos históricos, en el tablero de ajedrez que presidirá las relaciones internacionales en los próximos 20 ó 40 años, y entre estas piezas debería estar, por primera vez, la voz de la ciudadanía mundial, y quiero que mi voz, mi minúscula voz, también tenga su presencia. Pero sobre todo, he llegado a sentirme tan frustrado por la información, que no me conformo y quiero, como Santo Tomás, comprobar las llagas con mis propios dedos. Me siento con la obligación de intentar dejar a mis nietas y a todos los nietos y nietas del planeta Otro mundo mejor. Insisto: sin dejar de percibir lo minúsculo de mi voz, tengo que tener la conciencia tranquila para que no me ataque la náusea".
Esa actitud de Tomás, la de "si no lo veo no lo creo", es sin duda la más recordada en nuestra cultura judeo cristiana, pero no es, en mi opinión, la de mayor interés, sino aquella otra en la que muestra su inquebrantable fortaleza por defender aquello en lo que cree, y dice a los demás apóstoles a propósito del viaje del maestro a Betania: "Ea, vayamos nosotros con él y muramos también".
Con estos tics culturales y aferrados al optimismo, al que nos enrolamos cuando se estudiaba el esquema de evolución de las sociedades, que venía a decir que la línea más baja de un ciclo se mantiene en la zona más alta del ciclo anterior (siempre con matices), es como nos movemos por la vida algunas personas.
Es decir, estas cosillas sin importancia, estos tics que se manifiestan en pequeños desequilibrios psíquicos y físicos, como detectores mecánicos, son las que muestran la espina dorsal de esos valores que elevados a categoría sociológica nos arrastrarían al período de los años treinta en Europa, generando aquella especie de náusea Sartreana.
Pero seguramente ya estoy empezando a divagar. En la mayor parte de las reuniones que he mantenido en estos dos meses, siempre hay un asistente que suele indicarme que le gustaría que contara lo que hacíamos como brigada un día cualquiera.
He elegido el 29 de marzo por ser el día central en el período de los veinte días de bombardeos, y os transcribo los apuntes que tomé sobre la marcha:
"29 de marzo (sábado)
El centro de Prensa presenta..."
Es en el contacto con las gentes de Bagdad, con las madres de los heridos y de los muertos que nos piden que contemos al mundo lo que vemos, donde se afianza más la idea de que esta brigada tiene su máximo sentido en la información. Seguiremos allí mientras nuestra presencia informativa sea útil.
Información de lo que vemos cada uno de nosotros y sentido según somos cada uno de nosotros, y contado con la voz diferente y con el estilo peculiar de cada uno de nosotros. En bable, en euskera, en inglés o en castellano. Eso es lo que debía hacer creíble lo que contáramos. Lo que nacía, lo que nace, de cada rincón de esta tierra.
En el momento en que las centrales telefónicas son bombardeadas ponemos en marcha el teléfono vía satélite, alquilado a Telefónica por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, y desde ese instante establecemos turnos para informar constantemente a todos los países del mundo (principalmente nos llaman de Latinoamérica, España y Portugal).
Se hace necesario decodificar las palabras a través de ese teléfono satélite. La palabra guerra, con la que se intenta calificar oficialmente el genocidio, no es la apropiada. Como no es apropiado tampoco hablar de los aliados cuando se quieren referir al ejército invasor de EE UU e Inglaterra. No es apropiado porque establece, en el pensamiento colectivo, una relación con la Segunda Guerra mundial, y esta invasión, lógicamente, no tiene nada que ver con aquella guerra.
Y así, la Brigada, empujándonos unos a otros, vamos dando la información que vemos, intentando decodificar palabras y deshaciendo mentiras. No es cierto, por ejemplo, que se esté preservando del ataque a la población civil, tal y como dicen Bush y Blair en rueda de prensa, y no es cierto porque nosotros constatamos cada día que los misiles buscan los barrios, las casas de los civiles, para sembrar el terror.
Las Brigadas Internacionales han ido evolucionando con los tiempos, por eso también es preciso decodificar la denominación de Brigadas Internacionales.
En algunos de nosotros, los que nacimos en la posguerra española, esta denominación genera el pensamiento de aquellos hombres y aquellas mujeres que llegaron a nuestro país para defender con el fusil la legitimidad de una República. Era como si se dijesen: "Ea, vayamos nosotros con él y muramos también".
Más tarde, las brigadas internacionales se transforman; cambiamos los fusiles por herramientas de construcción: Nicaragua, El Salvador... Allí acudimos para construir: construir escuelas, construir parques infantiles...
Y ahora, alentados por los ruegos de las madres iraquíes: Brigadas para informar. Brigadas de contra información desde Bagdad que emiten sus comentarios vía satélite y ponen en marcha los correos electrónicos del mundo: de los Comités de Solidaridad, de las Plataformas contra la Guerra, de las ONGs, de las Comunidades de Base, de los movimientos antiglobalización... vía Internet.
Las Brigadas Internacionales se han internacionalizado más que nunca, luchando contra la mentira, contra la barbarie de los B-52, contra la lujuria de la muerte de los tanques Cojone y los helicópteros Apache... con la palabra. (Tecnología para matar / tecnología para informar).
Al poco de llegar de Bagdad, cuando la invasión se había consumado, cuando los muertos y heridos se contaban por miles, muchos miles, un nuevo tic se me manifestó en el párpado del ojo izquierdo.
Busqué el origen del desequilibrio hasta reparar en la voz de los líderes de la izquierda que clamaban porque la reconstrucción de Iraq fuera dirigida por las Naciones Unidas. ¡Que fuera reconstruida por los mismos que habían permitido su destrucción! ¡Por los mismos que habían manoseado los programas de Petróleo por Alimentos entregando a los invasores los últimos peniques para colaborar con la invasión!
Fue entonces cuando comprendí que el mayor temor de cualquier líder es el encontrar ante sí un vacío al que no sabe dar respuesta, y volvieron a mí las palabras de Tomás, cuando recibió la información de Jesús de que iba a prepararles un lugar cerca de su Padre: "Señor, nosotros no sabemos adónde vais, ¿cómo, pues, podemos conocer el camino?" ¡Cómo, pues, podemos confiar en vosotros!
Constatadas las mentiras ¿qué nos queda si todo sigue igual?
¿Qué nos queda si los líderes se han plegado al sistema del imperio?
Nos queda la palabra de esa ciudadanía planetaria que se manifestó en aquellos días y que hacía que a los brigadistas se nos pusieran los pelos de punta.
Nos queda la inteligencia colectiva, que se alimenta de la contra información, del análisis, de la opinión, y que a pesar de los esfuerzos del sistema, crece más y más cada día.
Parece que en estos tiempos estuviéramos creando un nuevo cerebro universal, trazando un nuevo mapa del cerebro en que los caminos eléctricos son recorridos, para perpetuar la memoria colectiva, por millones y millones de correos electrónicos, que se multiplican como los granos de trigo en las casillas del tablero del ajedrez.
Pero algo anuncia un nuevo peligro en este mundo informativo.
En las páginas de alguna ONG se pueden leer las declaraciones del senador de EE. UU. Robert C. Byrd :
"Desde el término de la guerra, cada revelación posterior que parecía refutar las previas afirmaciones alarmantes de la Administración Bush, ha sido dejada de lado... No han aparecido todavía armas de destrucción masiva, pero se nos dice que aparecerán. Tal vez todavía aparezcan. Pero nuestro costoso y destructivo ataque a base de bombas anti búnker sobre Iraq, parece haber probado, en general, precisamente lo contrario de lo que nos fue presentado como razón urgente para embaucarnos (en la guerra)".
El susodicho senador, que se empeña en llamar guerra a lo que ha sido un genocidio, sigue sembrando la duda con su estilo condicional: "parecía refutar", "no han aparecido todavía", "tal vez todavía aparezcan", y eso sí, se lamenta del "costoso" ataque.
Tranquilo senador, ya se recuperarán con creces administrando el petróleo.
Sigue diciendo:
"En la actualidad, nuestro leal personal militar continúa con su misión de buscar diligentemente las armas de destrucción masiva... Los estamos desperdiciando en esta misión al tiempo que siguen estando bajo peligro..."
En la lógica de la productividad de los gobernantes estadounidenses, su leal ejército debería ser empleado en otra actividad más rentable que la de buscar lo que no encontrarán, es decir, quizá en controlar también el petróleo de Venezuela, invadir Irán ahora que lo tienen sitiado... Pero senador, los soldados de su glorioso ejército corrieron poco peligro cuando lanzaban las bombas desde aviones B-52 que volaban a 15.000 metros de altura, donde ningún antiaéreo iraquí podía alcanzar.
Y más aún, dice:
"Es verdad que hemos destronado a un déspota brutal y despreciable..."
Vuelve a olvidar el senador que las perversiones cometidas por Sadam fueron realizadas en la época en que recibía el apoyo y los dictados de EE UU y que precisamente desde 1992, cuando ya no contaban con ese apoyo, fue la década de mayor desarrollo del pueblo iraquí, a pesar de no recibir más que el 30% del valor del petróleo que exportaban.
Pero lo que hace indignarse a cualquiera en la lectura de esa presumible contra información, es cuando el senador se quiere mostrar sesudo y añade:
"La democracia y la libertad, no pueden hacerse tragar a punta de pistola por un ocupante. Creer lo contrario sería una locura. Hay que pararse y reflexionar. ¿Cómo podemos haber sido tan increíblemente ingenuos? ¿Cómo podíamos pretender plantar con facilidad un clon de la cultura de los Estados Unidos, sus valores y gobierno en un país tan atenazado por rivalidades religiosas, territoriales y tribales, tan receloso acerca de los motivos de los Estados Unidos y tan reñido con el materialismo galopante que impulsa las economías occidentales?"
Me pregunto qué edad tendrá el senador Byrd y si habrá tenido en cuenta que su país lleva más de cien años invadiendo el mundo. Bueno, nunca es tarde para reflexionar si se reflexiona bien, si no se vierte basura en la reflexión con eso de "un país tan atenazado por rivalidades religiosas", si no se crea nuevamente la duda sobre los buenos motivos que les han impulsado al genocidio:
" un país tan receloso acerca de los motivos de los EE UU".
Leía, hace pocos días en los Apuntes que tomé en Bagdad, que alguien me había recomendado "El Imperio", de Ryszard Kapuscinski. Lo he comprado. Aún no he leído más que 50 ó 60 páginas pero me ha quedado grabado aquello de que en su infancia polaca, los niños que se portaban mal eran amenazados con frases como: "Sed buenos, porque si no lo sois, ¡os llevarán a Siberia!"
En aquellos tiempos Polonia estaba ocupada por el ejército ruso. Inmediatamente me surgió una pregunta: ¿Con qué frase podrían asustar las madres poco bondadosas, o heridas por sus muertos, a los niños iraquíes en este momento de la historia?
Pero donde alcanza el clímax de la sinrazón el senador Byrd es en eso de que EE UU sea un país ingenuo, eso no es aceptable, y temo que los servicios de inteligencia de EE UU también han penetrado en los sistemas de contra información.
Cada vez que me siento ante el ordenador, me acecha la duda de en qué momento nos privarán de esta posibilidad de comunicarnos; cuándo considerarán los "ingenuos" gobiernos estadounidenses que la libertad de comunicación a través de las nuevas tecnologías ha traspasado los límites de su lógica y de sus intereses, porque está germinando en un cerebro universal que opina al margen del sistema.
He llegado a pensar que ya trabajan en una pequeña bomba de filamentos de silicio o cualquier otro mineral, cuyos efectos sólo afectarán a ciertos chips informáticos y a toda aquella biblioteca que encierre en sus anaqueles cualquier forma de cultura diferente.
Las últimas palabras antes de entrar en el debate, en el intercambio de opiniones, para comentar que el Informe elaborado por la Brigada en los días de visitas a barrios y hospitales de Bagdad, fue entregado a la Asociación Libre de Abogados para documentar la querella contra Aznar ante la sala de lo Penal del Tribunal Supremo el día 11 de abril. También se ha presentado en otros foros de Francia y Estados Unidos.
Mi opinión personal es que no servirá de nada, pues aún no ha llegado el día en que se pueda juzgar a los criminales poderosos.
Por otra parte, como todos sabréis, parece que las fuerzas conservadoras están pidiendo el premio Nobel de la Paz para Bush y Blair, pues según las últimas noticias el miembro del parlamento noruego Harald Tom Nesvik ha anunciado que ha enviado la nominación para Tony Blair y George W. Bush por su decisiva actuación contra el terrorismo.
Esto no debe sorprendernos si recordamos que tan prestigioso premio ya recayó, por ejemplo en 1978, en Menahem Bejín, sionista radical, terrorista, que tras recibir el premio decidía ampliar los asentamientos israelíes en los territorios árabes de Cisjordania y Gaza.
Pero debemos ser optimistas, estamos en la línea baja de uno de los ciclos de la evolución de las sociedades.