El 15 de marzo participaba en la gran manifestación ciudadana contra la guerra en Iraq. Podía haber asistido a la de Madrid pero quise hacerlo en Bagdad. Llamó mi atención el armamento que esgrimían los manifestantes: algunos levantaban el brazo mostrando una pistola, otros amenazaban con el aka, y la mayoría portaban una bola de alquitrán en el extremo de un palo.
Ésta era su metáfora. Éstas eran sus armas.

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La guerra rápida que se prometían Bush y Blair, basada en el espionaje moderno, no está siendo tal. Pero la culpa nunca será de estos caudillos sino de sus espías que no están preparados. La prepotencia (de los espías, no de los caudillos) les hizo interpretar el mundo árabe a su imagen y semejanza, y no supieron leer en la cultura de un pueblo milenario que se alimenta de cuentos y metáforas.

La intuición que saqué el 15 de marzo de 2003 en Bagdad fue que aquellas gentes estaban dispuestas a luchar contra el invasor aun cuando eran conscientes de su gran debilidad.

También yo me equivoqué: estaban dispuestos a luchar contra el invasor porque eran conscientes de su gran fuerza.