"Emitir, sobre cualquier cosa, incluso sobre la muerte, juicios irreconciliables, es la única manera de no jugar sucio"
E. M. Cioran

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15 de noviembre de 2003. Dan la noticia de que han sido trasladados a Italia los carabineros muertos en la guerra por la ocupación de Iraq; han llevado sus cuerpos al instituto forense para hacerles las autopsias. Allá ha quedado un herido al que han visitado sus familiares otorgando, a las autoridades militares, el permiso para desentubarlo.

De esta guerra parece que Europa sacará adelante la eutanasia.

Una mujer italiana con su hijo en brazos buscaba refugio para su dolor acercando la cara a la de un venerable anciano, y encontró el vacío y la firmeza del protocolo. Ella acababa de estrenarse como viuda y el niño como huérfano de un carabinero cuyo féretro fue paseado por las calles de Roma.

Nadie sabrá nunca qué hizo a Su Santidad rechazar aquella cara.

Cuando conté por primera vez estas anécdotas, sacadas de un reportaje de televisión, hubo una mujer en la mesa que aseguró que también ella había reparado en los hechos, y aportó detalles sobre la juventud de esa madre y el color oscuro de su pelo, y extendió luego, inconsciente, su mano fría imitando una mano que no alcanza a acariciar a un niño.

Cuando las conté por segunda vez, en otra sobremesa, la mujer que estaba frente a mí tenía los ojos humedecidos por las lágrimas.

Nadie podrá decir que el Papa jugó sucio.

Sé que la utilización de la palabra anécdota al referir estos hechos puede prestarse a debate, e incluso habrá quien vea en ello una contradicción en los tiempos en que la televisión logra, en breves segundos, convertir un suceso anecdótico por poco conocido en un hecho de conocimiento general, pero resultó que sólo dos mujeres habían registrado en su memoria estas imágenes. ¿Existen diferentes planos para la sensibilidad? Claro, como existen diferentes ocres y diferentes lágrimas.

Pero no quiero que alguien pueda atribuirme el mal pensamiento de que el viejito del Vaticano es poco sensible. Digamos en todo caso que su sentir es diferente al de la mujer; que está en otro plano. Mas, al contrario, sí pienso que a todas las organizaciones jerarquizadas les es ajena la sensibilidad; también a la iglesia de Cristo.